El
vago
Alejandro Velázquez
Betancourt
I
Es vago mi nombre.
Desciendo de esa gorda
estirpe en las tripas que ronda los mercados.
Fue vago mi padre y vaga mi madre.
Supongo que alguna vez tuve,
o todavía tengo,
hermanos y hermanas.
Alguno de ellos por ahí andará.
Soy un ejemplar más o menos grande,
más o menos viejo,
más o menos prieto,
bastante perezoso, greñudo, sucio y feo.
También tengo vicios,
un colmillo de más que no se ha retorcido
y un diente de menos.
Soliloquios
Fernando X. Rodríguez
EN EL CAMINO
Sólo con ver la bruma delante
Siento que debo estar ahí,
Invisible para el mundo,
Incluso para mis ojos,
Acostumbrados a verme desvanecer.
Están ahí los vericuetos entre
los matorrales,
Selvas profundas de mi infancia,
Las cavernas minúsculas sobre las
paredes,
Las piras rituales escondidas en
pavimentos y parques.
Aquí me invento torturas,
Conjeturas,
Trabas mentales,
Dualidad de caracteres,
De personalidades miles,
Tuerzo la boca maliciosamente
Imaginando dolores para mi alma
Tratando de ser implacable conmigo
Para que por fin, algún día claro,
Me aleje hasta de mí.
El camino
Es a veces amarillo como el cenit,
Transparente como los horizontes
a ras de suelo,
En ocasiones,
Espejismo vacío
Camino a tientas,
Ronda entre calles azules,
Detonantes haces de luz
Desternillantes,
Donde se encuentran las
partículas originales del vagabundo,
Las marcas y pasos
De los que antes que yo cruzaron
Y que antes igual soñaron,
Y recorrieron
Estas huellas que no dejo de
pisar.

